El adiós es opcional, quédate.

Sí, hay días en los que te extraño y me quedo dormida intentando igualar en mi casa el olor de tu café, tu loción o tu cigarro.

Aun te escucho caminando de madrugada, mi negro, ¿Sabes algo? Cuido de tus plantas como lo hacías tú, las riego cada tercer día para nunca verlas tristes –como contabas-. No es cierto, lo digo por que sé que eso te hubiera gustado, la verdad es que las dejé secar, vi una flor triste, las naranjas se volvieron amargas, las vi morir una a una sin hacer nada y los pájaros que decías eran tus amigos, pasan sin ver.

¿Qué crees? Me dejé crecer el cabello como tú sugeriste y te aseguro que he comido bien, aunque ya no juego basquetbol –no fui buena trabajando en equipo- dicen que por eso no soy tan alta. Te confieso algo: odio los deportes.

Mi negrito, mi viejo, soy todo lo que pensabas sería y a la vez mucho menos; ya no le canto a la luna ni saludo al sol, ni siquiera tengo un perro que me acompañe en mis aventuras –dijiste que nunca debía faltarme-. Lo que sí, me he portado mal, le sigo robando a tu hija –la abuela- los dulces que tiene escondidos y no sabe que soy yo, dos que tres cigarros también, fumo como todos aquí.

¡Es reproche! Era muy chica ¿cómo podría entender que fue esa mañana la última que te vería? Nunca nos dijimos adiós, no se me olvida tu promesa de vernos en sueños cuando estuviéramos lejos ¡fue mentira! jamás te volví a ver: romántico y mentiroso.

Si pensabas que podía hacer esto sola –vivir- te equivocaste. Nadie me contó qué hacer si mis planes no salían como quería; como esa vez que me caí en los rosales y me espiné toda, ¿recuerdas cuando dijiste que me debía reír porque escuchabas al rosal ”descuajaringarse” de mí, que era mejor reírnos juntos? No funciona así en la vida real, ahora la gente llora más de lo que ríe.

Ya sé que quiero de domingo –nunca fallaste a ese día, tanto que me tocaba hasta lunes, miércoles y viernes-: Quiero que regreses por una noche, un último abrazo, beso y consejo; repite eso toda mi vida y hazme creer que sigues vivo, que no desperdicié esa taza de café, que sigues fumando en la terraza, que si corro a tu recámara sigues ahí.

 Prisca -Tu consentida.

“La niña que engañaste diciendo que nunca te irías”

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